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Crónica: Lunahuaná, Aventura sobre dos ruedas


Lunahuaná es ahora oficialmente el viaje más largo que he hecho en moto. Si bien la distancia no es tanta, definitivamente me ha enseñado unas cuantas cosas.

Al salir a las 7am, encontramos a la ciudad completamente empapada. Nunca había salida en pistas tán mojadas y no hay duda que son de temer. En la misma esquina de mi cuadra casi me caigo cuando las llantas patinaron al frenar (y eso que estaba andando muy lento). Seguimos tranquilos hasta un grifo donde llenamos los tanques y revisamos la presión de los neumáticos. Aprovechamos para comprar agua y galletas para el camino y salimos a la Panamericana.

La carretera en sí fue mucho más divertida y de paso me hizo acordar que debí haberme comprado pantalones impermeables. Los jeans que traía puestos tienen un límite de resistencia al viento y la humedad. En otras palabras, me cagué de frío. Felizmente la moto sí se portó muy bien. Respondía bien en las curvas y no temblaba a altas velocidades.

Las alforjas que había pedido no llegaron a tiempo por lo que tuve que empacar mis cosas en un maletín y amarrarlo a la parte de atrás de la moto. También fue mala idea no conseguir un pulpo para sujetar bien las cosas. El cable de seguridad no tiene suficiente tensión como para sujetar las cosas de manera adecuada. Todo lo que vaya sobre la moto debe quedar prácticamente inmóvil ya que en las curvas cada cambio en el centro de gravedad representa un grado de pérdidad de control.

El contacto directo con los elementos es realmente asombroso. Algo que nunca había sentido en un auto. Pasar de las nubes, el frío y la lluvia al calor y brillo solar en menos de un minuto fue un gran regalo de bienvenida a Lunahuaná. Excelentes condiciones para seguir andando.

Despertamos a eso de las 10am. La noche anterior fuimos a Paullo a celebrar el aniversario de la nación con el grupo Somos Kaliente (directamente desde Iquitos!). Estuvimos tomando la rica cachina toda la noche. Es una especie de vino que trepa rapidísimo. Cuidado, han sido advertidos.

Nuestro medio de transporte principal han sido las dos motos. Yo llevaba a un tercer amigo con quien nos encontramos allá ya que mi moto es más grande y no tiene la suspensión cagada. Hoy decidimos viajar un poco más río arriba a ver qué encontrábamos. Fuimos subiendo y poco a poco veíamos cómo cambiaba nuestro entorno. Paramos un momento en un restaurante campestre llamado La Posada de la Cruz en la comunidad de Romaní. Sólo queríamos usar su baño y pensábamos que el dueño se resistiría a hacerlo sin que realizaramos un consumo pero subestimamos la amabilidad de las personas que viven fuera de la ciudad. No recuerdo quién dijo que las ciudades son un veneno para los valores humanos. La cercanía entre personas y ese calor humano parece perderse en la ciudad.

Una de las grandes lecciones aprendidas ha sido que si hay carros, motos, o mototaxis donde estés, hay un grifo cercano de todas maneras. Solo hay que estar con los ojos abiertos porque la mayoría de las veces estos grifos son casas donde te echan gasolina usando un embudo y una galonera.

Llegamos hasta Pacarán y después de dar una vuelta y comer un helado local en la plaza regresamos a Villa Fátima y nos fuimos a comer al mismo menú donde habíamos estado comiendo desde el día anterior. Este menú es sin duda el lugar donde más rico comí durante todo el viaje. Todos los que lean este blog y pasen por Lunahuaná tienen que pasar por este lugar. Está 100 metros pasando Villa Fátima (en el anexo San Jerónimo), al lado de la bodega “Oxapampa“. Nos sirvieron un delicioso caldo de gallina y es estofado espectacular por unos módicos 5 soles. Para bajar toda la comida pedimos una jarrita de cachina para ir calentando la noche. Mientras disfrutábamos la cachina, la señora que atendía nos empezó a hacer un poco de conversación y nos mencionó que los muchachos que estaban trabajando en la casa del costado eran shipibos que hacían sesiones de ayahuasca. Nos explicó en profundidad cómo estas sesiones ayudaban a combatir tus propios demonios a través de las visiones que tenías. El maestro orientaba la sesión mediante canciones y guiaba la experiencia que tenías. Por mi parte, quedé totalmente convencido que es algo que debo probar en algún punto. Si hubiera tenido suficiente presupuesto lo habría hecho la noche siguiente pero solo me quedaba plata para el canotaje del día siguiente y algunas comidas más. Espero poder regresar este año para llevar a cabo esta experiencia.

Hasta ahora hemos podido disfrutar del sol solamente a partir de las 11am y nos duraba hasta eso de las 5pm. Fuera de ese horario nos invadían las nubes y el frío. Yo juraba que me estaría despertando a las 8am por no poder aguantar el calor del sol en la carpa pero en las mañanas cuando asomaba mi cabeza por la puerta de tela azul solo veía esto:… y regresaba a dormir. Ya una vez que se despejaba un poco salíamos, tomábamos desayuno en el menú y estábamos listos para otro día más. Fue luego de ese potente desayuno que Nico (el de la Honda Elite) sugirió ir lo más lejos posible, río arriba, con las motos y acampar donde nos agarre la noche. Inmediatamente acepté la idea. Sonaba excelente y además podríamos salir de las nubes de la tarde y, con un poco de suerte, ver una noche estrellada.

Luego de despedirnos de un amigo que tuvo que regresar a Lima por cuestiones del oficio, fui con Nico a Lunahuaná a inscribirnos para el famoso canotaje. Justo a la salida fue donde cometí el error cuyas consecuencias me perseguirían durante todo el día. Como mi moto todavía no tenía las alforjas, el único lugar que teníamos para guardar cosas (toallas, ropa seca, chompas, etc) era la “cajuela” de la moto de Nico. Al ver el espacio limitado decidí no llevar mis sandalias. En fin, nos inscribimos en el canotaje y fue excelente. Fue una hora físicamente exigente y agotadora pero valió la pena.

Mis zapatillas eran unas Vans de tela que si se mojaban se secarían bien rápido (supuéstamente mientras almorzábamos). Naturalmente se empaparon durante la hora de canotaje asi q las colgué en mi moto al sol mientras íbamos a buscar un lugar para comer. El primer problema fue que solo había un restaurante en el centro de Lunahuaná que aceptaba Visa y era más caro. Dimos un par de vueltas más pero sin éxito. Para todo esto, mis zapatillas seguían mojadas. Muy, muy mojadas. No podíamos perder más tiempo, teníamos que regresar a Villa Fátima para desarmar las carpas y empacar todo sobre las motos para salir, así que regresé descalzo con las esperanzas que con el viento y el sol se secaran mis zapatillas. No se secaban. Llegando a Villa Fátima, las puse sobre una piedra mientras desarmábamos y empacábamos todo… no se secaban. Sabiendo que empezaría a hacer frío mientras manejáramos por la carretera, no podía ponerme zapatillas mojadas. ¿La otra opción? Medias y las sandalias. Dejé las zapatillas colgadas sobre la moto y nos enrumbamos río arriba, yo en sandalias. Eran las 5pm.

Teníamos como meta llegar hasta Zúñiga y acampar junto al río o quedarnos en un hospedaje pero nos ganó el sentido de aventura y seguimos adelante. Seguimos y seguimos. Cayó la noche y seguimos. La carretera se convirtió de un solo carril y seguimos. Empezaron a salir volquetes y buses que iban en ambos sentidos… y seguimos. ... y seguimos

Sabíamos que cualquier error y terminaríamos bajo las llantas de un camión o cayéndonos por el acantilado al río así que empezamos a preguntar dónde podíamos acampar. Nos dijeron que más arriba había un pueblo llamado Catahuasi donde podríamos encontrar un lugar. Llegamos a Catahuasi a eso de las 8pm y les preguntamos a unos policías si había un lugar para poner las carpas. Nos dijeron que podíamos armar las carpas en el estadio de Catahuasi o en la plaza central. El estadio parecía una mejor opción ya que estaba más tranquilo (osea, no había ni un alma). Estacionamos las motos cerca al arco y pusimos la carpa al costado. Era genial, estábamos al costado del río y durante la noche podíamos escuchar el agua pasar. Es un lugar muy pequeño pero en un entorno hermoso. Parece como si excavado en el cerro solo para colocar a ese pueblo.

No teníamos candado para cerrar la carpa pero confiamos que no pasaría nada. Fuimos al pueblo y en una bodega pedimos un café mientras hablábamos con las personas del lugar. No parecían entender el viaje que estábamos haciendo. Nos preguntaron si estábamos visitando a alguien o cuál era nuestro destino final. No parecían entender el concepto de viajar sin destinos ni planes. Luego de un poco más de conversación, nos retiramos. Pasamos por la comisaría para agradecer a los oficiales que nos indicaron donde descansar. Regresamos a la carpa, comimos las galletas que nos sobraron de la tarde y nos fuimos a dormir. Deseé que mis zapatillas se secaran para el día siguiente.

La noche anterior, mientras tomábamos café en el pueblo, nos dijeron que media hora más arriba se había construido una represa donde se había formado un lago precioso. Se nos ocurrió que bien temprano podríamos ir hasta allá, tomar desayuno frente al lago y desde ahí, recargados de energía, regresar directamente hasta Lima (pasando por el delicioso menú de San Jerónimo).

Nos despertamos a las 5:30am. Estaba haciendo un frío terrible. Nos lavamos la cara en el río que pasaba junto al estadio y luego de desarmar la carpa y montar todo sobre las motos, salimos rumbo a la represa. En el camino, que seguía siendo de un solo carril, vimos a una combi que se acababa de desbarrancar. Felizmente no hubo heridos, más allá del orgullo y vehículo del chofer y no tomé ninguna foto porque habría sido demasiado HDP parar al costado, tomar una foto y continuar en el camino. Unos 15 minutos más arriba nosotros mismos tendríamos nuestra propia desgracia.

Llegamos a un punto donde bajaba un riachuelo que cruzaba la pista. Este riachuelo se había convertido en un inmensocharco bastante profundo gracias a las piedras que se habían colocado para desviar el agua que bajaba. Calculéque por un costado podría pasar sin mojar mis zapatillas (que afortunadamente ya estaban secas) ni que el agua entre por el tubo de escape. Me aventuré y llegué hasta la mitad sin tener que apoyarme pero el fondo desigual casi me tumba y tuve que sumergir mi pie izquierdo para no caerme con todo y moto. Mierda! Tanto problema para secar mis zapatillas para que a las 6:30am ya se vuelva a mojar completamente. Terminé de cruzar y esperé que Nico haga lo mismo. La moto de Nico es mucho más baja que la mía y el mismo diseño de la Elite hace que no sea apta para cruzar ni los charcos menos profundos. Pasó un tercio del charco y ya se escuchaba a su tubo de escape haciendo burbujas bajo el agua. No solo eso, sino que ya estaba entrando agua por su toma de aire. Me quité las zapatillas para que no se mojen más y volví para ayudarlo. Después de analizar un poco la situación determinamos que la única forma para cruzar su moto sería cargándola.

Tal vez hizo falta un desayuno más consistente. Tal vez hizo falta un poco más de ánimos. Tal vez, tal vez. Simplemente no tuvimos la fuerza mental para cargar al otro lado. La sacamos del charco y yo volví a cruzar con mi moto, esta vez mojando algunas partes que hubiera preferido mantener secas. Después de ese desgaste físico y el golpe anímico al no poder avanzar nos quedamos sentado entre las piedras un rato más mientras veíamos cómo pasaban las camionetas y camiones sin problemas. Comimos unas galletas más, tomamos un poco de agua y luego de recuperar un poco las energías me volví a poner mis zapatillas, una seca y la otra mojada y nos dirijimos a casa. A casa por los mismos caminos que se hicieron completamente nuevos al pasar de día. Vimos cómo la calzada angosta de la noche anterior era un peligro real que no tomamos muy en serio. Capaz que fue lo mejor, ya que nos permitió llegar donde llegamos.

El viaje de retorno fue muy relajante. El hecho que hubieron pocas personas sobre la Panamericana nos permitió disfrutar ampliamente del camino. Siempre llevaré muy gratos recuerdos de este viaje. Fue una gran aventura.

Nota de redacción: la crónica del viaje fue realizado mes de julio, durante en esa época es muy probable amanezca nublado y luego se despeje el cielo, tal como lo menciona el Autor .

Autor:  LuisTenorio, Vuelta Sudamericana
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